El sida, el cólera y la bancarrota
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El sida, el cólera y la bancarrota
El sida, el cólera y la bancarrota
La epidemia de cólera en Zimbabue ha costado ya más de 1.500 vidas, mientras el presidente, Robert Mugabe, se aferra al poder en una nación que un día fue el espejo de África y que hoy «presume» de una inflación de varios millones por ciento
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AP Una mujer, aparentemente afectada por el cólera, es transportada en carretilla hasta un hospital de Harare para recibir tratamientoUNAI ARANZADI. SERVICIO ESPECIAL | HARARE Sábado, 03-01-09
Postrados en carretillas, llevados a hombros o, si se trata de niños, socorridos en el regazo, los afectados por el cólera llegan ininterrumpidamente hasta la entrada del Hospital de Enfermedades Infecciosas Beatrice, el más grande de la capital de Zimbabue, Harare. Una vez atendidos y diagnosticados han de tumbarse sobre una rígida camilla dotada de un orificio central que hace la función de letrina, pues el cólera inhabilita la tarea digestiva hasta matar por deshidratación. «Todo lo que entra, sale», lamenta Thoko, madre de un pequeño víctima de una devastadora enfermedad con fácil solución «si se tienen los sueros y medicamentos adecuados».
Pero el del cólera es un desastre sanitario que, según el Gobierno de Robert Mugabe, no existe. A pesar de que se ha cobrado ya más de 1.500 vidas -la ONU estima que hay más de 25.000 personas convalecientes- las autoridades se niegan a calificar la situación de catastrófica. Para Constantine, ex empleado de un conocido hospital recientemente clausurado, «Zimbabue se muere. Si no de sida, de hambre; si no de cólera, de represión. Las epidemias no son más que el síntoma de un estado que se derrumba de espaldas a la trágica realidad de una nación que sucumbe en sentido literal».
De libertador a tirano
Y es que el ayer libertador, el presidente Robert Mugabe, comienza a ser visto como «un tirano aferrado al poder» que ha dejado de ser el espejo en el que se miraron los nuevos líderes africanos de los setenta. No obstante, según Fátima, una vendedora de souvenirs libanesa con más de veinte años de experiencia en el país, «no todo es culpa de Mugabe».Los billetes de cien mil millones de dólares zimbabueses impresos en verano perdieron sus ceros antes del otoñoLos Estados y medios de comunicación occidentales tienden a omitir el impacto del «Acta para la Recuperación de la Economía y la Democracia en Zimbabue» impuesta de forma unilateral por Estados Unidos en el año 2001 y que, entre otras muchas calamidades, prohíbe la importación de gran cantidad de elementos a Zimbabue, como son los químicos necesarios para la potabilización del agua, causante del actual brote de cólera. «Y es que -para Fátima- las sanciones, al igual que en Cuba o Irak, solo afectan a los pobres. Los líderes siguen viviendo bien a pesar de todo».
Si antes la gente tenía poco, ahora no tiene nada. La inflación ha alcanzado límites desconocidos en la historia de la humanidad y los billetes adquieren valores tan grotescos como inmediatamente devaluados. Sirva como ejemplo los 100.000.000.000 millones de dólares zimbabuenses impresos el pasado verano, que perdieron la mayor parte de sus ceros en cuestión de semanas. La única forma de obtener divisas es a través de empresas de transacción como Western Unión o MoneyGram, pero las cantidades que ofrecen son tan limitadas como las posibilidades de alcanzar la ventanilla antes de que se agote el dinero. Las interminables colas en las que gentes seropositivas como Paul pernoctan para recibir los veinte dólares que les cuesta la mensualidad del tratamiento retroviral son la única solución para salvar la vida. Dicen. «Si tienes dinero vives, si no mueres». Así de simple.
Y por si todo esto no fuese suficiente, en el país apenas hay comida. Según datos de Naciones Unidas, dos tercios de la población sufre de malnutrición. «World of Food» es un conocido supermercado de la capital, pero en sus estanterías no hay nada. Los escaparates de las tiendas cercanas a este tampoco ofrecen alimentos y tan solo los establecimientos dedicados a las baratijas chinas ofrecen una imagen de aparente normalidad.
Policías atracadores
Los policías patrullan a pie y están empezando a atracar a la gente con mayor frecuencia de lo habitual para poder comer. La mayor parte de los medios de comunicación del mundo tienen prohibida la entrada al país. Mientras son demasiados los periodistas locales que son asesinados o encarcelados.
Según un activista pro derechos humanos que trabaja en la clandestinidad, todo se remonta al pasado año, cuando Mugabe perdió unas elecciones de dudosa legalidad pero jamás admitió su derrota, y las gestiones lideradas por países vecinos para formar un gobierno con la oposición fracasaron.
Desde entonces, el Gobierno se ha ido aislando del mundo sin que Mugabe sea capaz de afrontar la necesidad de cambio y soluciones que demanda el país. «La vuelta al pasado colonial jamás será la solución, pero Mugabe tiene que dejar de hacer como la avestruz», explica.
http://www.abc.es/20090103/internacional-africa/sida-colera-bancarrota-20090103.html
La epidemia de cólera en Zimbabue ha costado ya más de 1.500 vidas, mientras el presidente, Robert Mugabe, se aferra al poder en una nación que un día fue el espejo de África y que hoy «presume» de una inflación de varios millones por ciento
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AP Una mujer, aparentemente afectada por el cólera, es transportada en carretilla hasta un hospital de Harare para recibir tratamientoUNAI ARANZADI. SERVICIO ESPECIAL | HARARE Sábado, 03-01-09
Postrados en carretillas, llevados a hombros o, si se trata de niños, socorridos en el regazo, los afectados por el cólera llegan ininterrumpidamente hasta la entrada del Hospital de Enfermedades Infecciosas Beatrice, el más grande de la capital de Zimbabue, Harare. Una vez atendidos y diagnosticados han de tumbarse sobre una rígida camilla dotada de un orificio central que hace la función de letrina, pues el cólera inhabilita la tarea digestiva hasta matar por deshidratación. «Todo lo que entra, sale», lamenta Thoko, madre de un pequeño víctima de una devastadora enfermedad con fácil solución «si se tienen los sueros y medicamentos adecuados».
Pero el del cólera es un desastre sanitario que, según el Gobierno de Robert Mugabe, no existe. A pesar de que se ha cobrado ya más de 1.500 vidas -la ONU estima que hay más de 25.000 personas convalecientes- las autoridades se niegan a calificar la situación de catastrófica. Para Constantine, ex empleado de un conocido hospital recientemente clausurado, «Zimbabue se muere. Si no de sida, de hambre; si no de cólera, de represión. Las epidemias no son más que el síntoma de un estado que se derrumba de espaldas a la trágica realidad de una nación que sucumbe en sentido literal».
De libertador a tirano
Y es que el ayer libertador, el presidente Robert Mugabe, comienza a ser visto como «un tirano aferrado al poder» que ha dejado de ser el espejo en el que se miraron los nuevos líderes africanos de los setenta. No obstante, según Fátima, una vendedora de souvenirs libanesa con más de veinte años de experiencia en el país, «no todo es culpa de Mugabe».Los billetes de cien mil millones de dólares zimbabueses impresos en verano perdieron sus ceros antes del otoñoLos Estados y medios de comunicación occidentales tienden a omitir el impacto del «Acta para la Recuperación de la Economía y la Democracia en Zimbabue» impuesta de forma unilateral por Estados Unidos en el año 2001 y que, entre otras muchas calamidades, prohíbe la importación de gran cantidad de elementos a Zimbabue, como son los químicos necesarios para la potabilización del agua, causante del actual brote de cólera. «Y es que -para Fátima- las sanciones, al igual que en Cuba o Irak, solo afectan a los pobres. Los líderes siguen viviendo bien a pesar de todo».
Si antes la gente tenía poco, ahora no tiene nada. La inflación ha alcanzado límites desconocidos en la historia de la humanidad y los billetes adquieren valores tan grotescos como inmediatamente devaluados. Sirva como ejemplo los 100.000.000.000 millones de dólares zimbabuenses impresos el pasado verano, que perdieron la mayor parte de sus ceros en cuestión de semanas. La única forma de obtener divisas es a través de empresas de transacción como Western Unión o MoneyGram, pero las cantidades que ofrecen son tan limitadas como las posibilidades de alcanzar la ventanilla antes de que se agote el dinero. Las interminables colas en las que gentes seropositivas como Paul pernoctan para recibir los veinte dólares que les cuesta la mensualidad del tratamiento retroviral son la única solución para salvar la vida. Dicen. «Si tienes dinero vives, si no mueres». Así de simple.
Y por si todo esto no fuese suficiente, en el país apenas hay comida. Según datos de Naciones Unidas, dos tercios de la población sufre de malnutrición. «World of Food» es un conocido supermercado de la capital, pero en sus estanterías no hay nada. Los escaparates de las tiendas cercanas a este tampoco ofrecen alimentos y tan solo los establecimientos dedicados a las baratijas chinas ofrecen una imagen de aparente normalidad.
Policías atracadores
Los policías patrullan a pie y están empezando a atracar a la gente con mayor frecuencia de lo habitual para poder comer. La mayor parte de los medios de comunicación del mundo tienen prohibida la entrada al país. Mientras son demasiados los periodistas locales que son asesinados o encarcelados.
Según un activista pro derechos humanos que trabaja en la clandestinidad, todo se remonta al pasado año, cuando Mugabe perdió unas elecciones de dudosa legalidad pero jamás admitió su derrota, y las gestiones lideradas por países vecinos para formar un gobierno con la oposición fracasaron.
Desde entonces, el Gobierno se ha ido aislando del mundo sin que Mugabe sea capaz de afrontar la necesidad de cambio y soluciones que demanda el país. «La vuelta al pasado colonial jamás será la solución, pero Mugabe tiene que dejar de hacer como la avestruz», explica.
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